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"Con Cristo sois sepultados
en el Bautismo, con él también habéis resucitado" (cf. Col 2, 12).
Estas palabras de san Pablo a la comunidad cristiana de Colosas hacen
referencia al tema del Bautismo, que el Papa Benedicto XVI ha elegido
para su Mensaje de Cuaresma de este año. El Santo Padre cita un pasaje del
Apóstol de los Gentiles como síntesis de la finalidad de este sacramento: "conocerle
a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta
hacerme semejante a él en su muerte" (Flp 3, 10-11).
El Consejo Pontificio Cor Unum es el dicasterio de la Santa Sede
encargado de la presentación del Mensaje de Cuaresma. La principal tarea de
Cor Unum es difundir la catequesis de la Iglesia sobre la caridad y las
iniciativas caritativas concretas de nuestro Santo Padre. Para ayudar a dar a
conocer este Mensaje cuaresmal anual en vuestras Iglesias, comunidades y
organizaciones locales Cor Unum ofrece las siguientes claves de
comprensión de este vínculo evidente entre Bautismo y caridad que el Papa
Benedicto XVI desea subrayar:
1. Frente al auténtico sufrimiento que encontramos a nivel global - desastres
naturales, enfermedad, hambruna, guerra - estamos obligados a dar respuesta a
las necesidades inmediatas y a buscar soluciones concretas para aliviar la
miseria (cf. Deus Caritas est, 31a). Pero, aunque es importante proveer
a las necesidades materiales, de por sí esto nunca puede garantizar la
felicidad y la paz duraderas. Cristo fundó la Iglesia para dar mucho más. El
sufrimiento, tanto global como personal - enfermedad, soledad, penurias
financieras, problemas familiares y, en última instancia, el mayor enemigo de
todos, la muerte - requiere una respuesta que sólo el hecho de poseer la vida
eterna puede dar: conocer a Cristo, "conocerle a él, el poder de su
resurrección y la comunión en sus padecimientos, hasta hacerme semejante a él
en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos".
2. Este don se nos promete en nuestro Bautismo. En efecto, en el diálogo que
forma parte del Rito, las preguntas y respuestas hacen hincapié en el don de
la "fe" y en la promesa de la "vida eterna". El sacramento del Bautismo tiene
este significado y realiza este don: "Esta misma vida ya se nos transmitió el
día del Bautismo, «al participar de la muerte y resurrección de Cristo»",
escribe el Papa en su Mensaje de Cuaresma. La palabra griega "bautizar" (báptizein)
significa inmersión o sumergir en las aguas bautismales lo que el Apóstol
Pablo llama el "hombre viejo" o el hombre que vive según la carne (cf. Col
3, 9). Se trata del hombre que vive sólo para sí mismo, separándose
arrogantemente de su Creador y cerrando egoístamente los ojos ante las
necesidades de su prójimo. No se trata de una simple descripción teológica:
todos entendemos perfectamente lo que es el "hombre viejo" porque hacemos
experiencia de los efectos directos de esta índole dentro de nosotros,
sintetizados en los siete pecados capitales: ira, avaricia, pereza, soberbia,
lujuria, envidia y gula.
3. El Bautismo es el "encuentro con Cristo", escribe el Papa Benedicto XVI en
su Mensaje. Nos lava del pecado original que heredamos de nuestros primeros
padres y del resultado de todos sus pecados, e imparte una naturaleza nueva,
permitiéndonos entrar en "la mentalidad de Jesucristo". Este "hombre nuevo"
vive según los sentimientos de Jesús por la "vida eterna" que recibe ya ahora
del Espíritu Santo. San Pablo enumera los frutos del espíritu de Dios que
habita en nosotros: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad,
fidelidad, mansedumbre y dominio de sí (Ga 5, 22). En lo hondo del
corazón de la persona - bautizada y no bautizada - yace el deseo de recibir y
vivir estos frutos. Sólo el hecho de poseer esta vida es un remedio duradero
para todo sufrimiento, tanto personal como universal.
4. La nueva naturaleza que recibimos en el Bautismo es la fuente para las
obras de caridad específicas por amor de Dios y del prójimo, el primer y mayor
mandamiento de la nueva Ley y compendio de todo el Evangelio (cf. Mt
22, 34-40). El ayuno, la limosna y la oración son una ayuda para que muera
nuestra vieja naturaleza y abramos nuestro corazón al Señor y a nuestros
hermanos y hermanas necesitados.
La fe, junto con la promesa de "vida eterna" que se nos hace en el Bautismo,
debe crecer, ser constantemente alimentada (cf. Catecismo de la Iglesia
Católica, 1254). Esta Cuaresma el Papa Benedicto XVI propone un itinerario
o "hoja de ruta" para ayudarnos en esta tarea. Tres elementos pueden ser
especialmente útiles para proponer a las comunidades parroquiales, a las
instituciones (como las escuelas católicas y las universidades) y a los
fieles:
--Primero, el Santo padre fija para nosotros citas concretas con personas y
acontecimientos específicos en los cinco domingos de Cuaresma. Nos pone ante
la Palabra de Dios que se proclama en esos domingos. De este modo desea que
hagamos la experiencia de un encuentro personal con Cristo, la respuesta a los
anhelos más profundos de la persona humana y del mundo. Este encuentro se
puede concretar en el tiempo que dedicamos personalmente o con otros a la
lectura de estos pasajes de la Escritura y que durante estos cuarenta días nos
permiten escuchar, contemplar y poner en práctica la Palabra de Dios.
--Segundo, el encuentro con Cristo a través de su Palabra y los sacramentos se
manifiesta en obras concretas de misericordia. También aquí, en nuestras
parroquias, comunidades, instituciones educativas o de otro tipo, al igual que
cada uno de nosotros personalmente, tenemos la oportunidad en este tiempo
favorable, con la ayuda de la gracia de Dios, de dejar de vivir para nosotros
mismos y de orientar nuestros corazones al amor a Dios y a nuestros hermanos
necesitados. Este es también el ímpetu de las campañas cuaresmales que
organizan las Conferencias Episcopales y otras entidades.
--Tercero, el Papa nos presenta el tiempo de Cuaresma como un "camino" o
"itinerario", un arco de tiempo para que dé fruto la semilla plantada en el
Bautismo. Este, nos indica el Papa, refleja la entera existencia de cada
persona, vivida entre la resurrección de Cristo y la nuestra; este definitivo
ofrecimiento de comunión con Dios para la eternidad conforma desde dentro
nuestra vida actual, tanto en el ámbito social como individual. Este tercer
elemento subraya la necesidad de alentar a vivir este itinerario con la ayuda
de la gracia, particularmente mediante los sacramentos de la Reconciliación y
la Eucaristía.
