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NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
11/mayo/2011 - Fiesta de "La Señora"

“A
tus plantas postrado en este día…” Así cantaban el himno los diecinueve
seminaristas tanto del Seminario Diocesano de San Fulgencio como del Redemptoris
Mater, que este primer sábado de mayo se han consagrado a la “Señora” en su
centenario. Como ya es habitual, el Seminario Mayor de San Fulgencio, cada año
celebra la fiesta de su patrona, Reina de los Corazones, como una tradición que
se remonta al inicio de su coronación el 5 de mayo de 1951. A las doce y media
comenzó la solemne eucaristía presidida por el Obispo de la Diócesis, Mons. José
Manuel Lorca Planes, y a la que asistieron sacerdotes, familiares y amigos de
los consagrados.

Los
acólitos y el diácono fueron los encargados de abrir la comitiva hacia la
capilla mayor, tras ellos, los sacerdotes concelebrantes. Durante la homilía, el
prelado saludó a los asistentes y se dirigió a los seminaristas invitándoles a
mirar a María porque Ella es modelo de fe. Junto a esas palabras recordó también
que con la “Madre” somos discípulos y testigos de la resurrección. ”Un buen
discípulo debe guardar los mandamientos y escuchar la Palabra de Dios”. “Acoger
a María es hacer que la dimensión de ofrecimiento a Dios esté presente en cada
uno de nosotros” asegura Monseñor. El Pastor diocesano, haciendo alusión al Papa
Pablo VI, señaló que “si queremos ser cristianos, debemos ser marianos”. En su
exhortación resaltó lo importante que es la perseverancia ante los grandes
desafíos. “Nos espera una difícil tarea que reta a la lógica y al entendimiento.
La respuesta está en el Espíritu Santo que vendrá sobre nosotros. Ninguna cosa
es imposible para Dios” asegura Mons. José Manuel Lorca. Tras concluir la
homilía, el rector del seminario de San Fulgencio, D. Javier Crespo hizo lectura
de la carta del Papa Benedicto XVI en la que imploraba la bendición apostólica
al Seminario y a los presentes con motivo de su centenario. Acto seguido la
ceremonia continuó con el rito de la consagración en la que los nuevos
seminaristas, tras consagrarse, introdujeron sus nombres en el corazón de la
“Señora”. Júbilo y emoción entre algunos de ellos, es lo que sintieron los
“esclavos de María” tras la ovación de los asistentes. La misa finalizó con la
felicitación del Obispo a los consagrados.
