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NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
20/agosto/2011 - JMJ: encuentro del Papa con religiosas
ENCUENTRO CON RELIGIOSAS JÓVENES
SALUDO
DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Patio de los Reyes de El Escorial
Viernes 19 de agosto de 2011
Queridas jóvenes religiosas:
Dentro de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando en Madrid, es
un gozo grande poder encontrarme con vosotras, que habéis consagrado vuestra
juventud al Señor, y os doy las gracias por el amable saludo que me habéis
dirigido. Agradezco al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid que haya previsto este
encuentro en un marco tan evocador como es el Monasterio de San Lorenzo de El
Escorial. Si su célebre Biblioteca custodia importantes ediciones de la Sagrada
Escritura y de Reglas monásticas de varias familias religiosas, vuestra vida de
fidelidad a la llamada recibida es también una preciosa manera de guardar la
Palabra del Señor que resuena en vuestras formas de espiritualidad.
Queridas hermanas, cada carisma es una palabra evangélica que el Espíritu Santo
recuerda a su Iglesia (cf. Jn 14, 26). No en vano, la Vida Consagrada
«nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de
vida. En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se
convierte en “exégesis” viva de la Palabra de Dios... De ella ha brotado cada
carisma y de ella quiere ser expresión cada regla, dando origen a itinerarios de
vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica» (Exh. apostólica
Verbum Domini, 83).
La radicalidad evangélica es estar “arraigados y edificados en Cristo, y firmes
en la fe” (cf. Col, 2,7), que en la Vida Consagrada significa ir a la
raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese
amor (cf. San Benito, Regla, IV, 21), con una pertenencia esponsal como
la han vivido los santos, al estilo de Rosa de Lima y Rafael Arnáiz, jóvenes
patronos de esta Jornada Mundial de la Juventud. El encuentro personal con
Cristo que nutre vuestra consagración debe testimoniarse con toda su fuerza
transformadora en vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy, cuando
«se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un
verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida,
con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza» (Mensaje
para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 1).Frente al relativismo y
la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la
consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado.
Dicha radicalidad evangélica de la Vida Consagrada se expresa en la comunión
filial con la Iglesia, hogar de los hijos de Dios que Cristo ha edificado. La
comunión con los Pastores, que en nombre del Señor proponen el depósito de la fe
recibido a través de los Apóstoles, del Magisterio de la Iglesia y de la
tradición cristiana. La comunión con vuestra familia religiosa, custodiando su
genuino patrimonio espiritual con gratitud, y apreciando también los otros
carismas. La comunión con otros miembros de la Iglesia como los laicos, llamados
a testimoniar desde su vocación específica el mismo evangelio del Señor.
Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en la misión que Dios ha
querido confiaros. Desde la vida contemplativa que acoge en sus claustros la
Palabra de Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad por Él
habitada, hasta los diversos caminos de vida apostólica, en cuyos surcos germina
la semilla evangélica en la educación de niños y jóvenes, el cuidado de los
enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias, el compromiso a favor de
la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor
misionera y la nueva evangelización, y tantos otros campos del apostolado
eclesial.
Queridas hermanas, este es el testimonio de la santidad a la que Dios os llama,
siguiendo muy de cerca y sin condiciones a Jesucristo en la consagración, la
comunión y la misión. La Iglesia necesita de vuestra fidelidad joven arraigada y
edificada en Cristo. Gracias por vuestro “sí” generoso, total y perpetuo
a la llamada del Amado. Que la Virgen María sostenga y acompañe vuestra juventud
consagrada, con el vivo deseo de que interpele, aliente e ilumine a todos los
jóvenes.
Con estos sentimientos, pido a Dios que recompense copiosamente la generosa
contribución de la Vida Consagrada a esta Jornada Mundial de la Juventud, y en
su nombre os bendigo de todo corazón. Muchas gracias.