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NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
20/agosto/2011 - JMJ: palabras del Papa en el Vía Crucis
VÍA CRUCIS CON LOS JÓVENES
DISCURSO
DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
Plaza de Cibeles, Madrid
Viernes 19 de agosto de 2011
Queridos jóvenes:
Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a Cristo en su
Pasión y Muerte. Los comentarios de las Hermanitas de la Cruz, que sirven a los
más pobres y menesterosos, nos han facilitado adentrarnos en el misterio de la
Cruz gloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabiduría de Dios, la que
juzga al mundo y a los que se creen sabios (cf. 1 Co 1,17-19). También
nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas
extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas. Son
imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e
invitarle a la conversión. Cuando la mirada de la fe es limpia y auténtica, la
belleza se pone a su servicio y es capaz de representar los misterios de nuestra
salvación hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro corazón, como
sucedió a Santa Teresa de Jesús al contemplar una imagen de Cristo muy llagado (cf.
Libro de la vida, 9,1).
Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el
Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: «Cristo me amó y se
entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de
estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué
respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: «En esto hemos conocido el
amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra
vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). La pasión de Cristo nos impulsa a
cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que
Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario,
se hizo uno de nosotros «para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo
muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que
comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio,
el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la
esperanza» (Spe salvi, 39).
Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y
os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy
sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante
el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de
vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas
de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos
son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y
hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. «Sufrir con el otro, por
los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del
amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos
fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo» (ibid.).
Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello
a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría
misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fue el
desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega
hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los
hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y
significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella
reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios
ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al
mundo.
Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue
entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección
en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor,
para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz. Muchas
gracias.