01/julio/2010
-
DECLARACIÓN SOBRE LA EXPOSICIÓN DE SÍMBOLOS
RELIGIOSOS CRISTIANOS EN EUROPA
CCXVI Comisión Permanente de la
Conferencia Episcopal Española
Madrid,
23 de junio de 2010
Junto
con otras conferencias episcopales y diversas instancias tanto estatales como
sociales de todo el Continente, la Comisión Permanente de la Conferencia
Episcopal Española, reunida cuando se espera una próxima resolución de la Corte
europea sobre la exposición de símbolos religiosos en las escuelas estatales,
desea subrayar la importancia de la cuestión para las convicciones religiosas de
los pueblos y para las tradiciones culturales de Europa.
Gracias
precisamente al cristianismo, Europa ha sabido afirmar la autonomía de los
campos espiritual y temporal y abrirse al principio de la libertad religiosa,
respetando tanto los derechos de los creyentes como de los no creyentes. Esto se
ve más claro en nuestros días, cuando otras religiones se difunden entre
nosotros al amparo de esa realidad.
La
presencia de símbolos religiosos cristianos en los ámbitos públicos, en
particular la presencia de la cruz, refleja el sentimiento religioso de los
cristianos de todas las confesiones y no pretende excluir a nadie. Al contrario,
es expresión de una tradición a la que todos reconocen un gran valor y un gran
papel catalizador en el diálogo entre personas de buena voluntad y como sostén
para los que sufren y los necesitados, sin distinción de fe, raza o nación.
En la
cultura y en la tradición religiosa cristianas, la cruz representa la salvación
y la libertad de la humanidad. De la cruz surgen el altruismo y la generosidad
más acendrados, así como una sincera solidaridad ofrecida a todos, sin imponer
nada a nadie.
En
consecuencia, las sociedades de tradición cristiana no deberían oponerse a la
exposición pública de sus símbolos religiosos, en particular, en los lugares en
los que se educa a los niños. De lo contrario, estas sociedades difícilmente
podrán llegar a transmitir a las generaciones futuras su propia identidad y sus
valores. Se convertirían en sociedades contradictorias que rechazan la herencia
espiritual y cultural en la que hunden sus raíces y se cierran el camino del
futuro. Ponerse en contra de los símbolos de los valores que modelan la historia
y la cultura de un pueblo es dejarle indefenso ante otras ofertas culturales, no
siempre benéficas, y cegar las fuentes básicas de la ética y del derecho que se
han mostrado fecundas en el reconocimiento, la promoción y la tutela de la
dignidad de la persona.
El
derecho a la libertad religiosa existe y se afirma cada vez más en los países de
Europa. En algunos de ellos se permiten explícitamente otros símbolos
religiosos, sea por ley o por su aceptación espontánea. Las iglesias y las
comunidades cristianas favorecen el diálogo entre ellas y con otras religiones y
actúan como parte integrante de sus respectivas realidades nacionales. En cuanto
a los símbolos, existe en Europa una variedad de leyes y una diversa evolución
social y jurídica positiva que debe ser respetada en el marco de una justa
relación entre los Estados y las Instituciones europeas. Sólo en una Europa en
la que sean respetadas a la vez la libertad religiosa de cada uno y las
tradiciones de cada pueblo y nación, podrán desarrollarse relaciones adecuadas
entre las religiones y los pueblos, en justicia y en libertad.
volver al menú