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NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
12/agosto/2010 - ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MONAGUILLOS
El
pasado 3 y 4 de Agosto se celebraba en Roma el Encuentro Internacional
de Monaguillos. Roma entera se ha llenado de color. El naranja viene de
Hungría, el amarillo de Austria, y el azul de Francia y así hasta llenar la
plaza de San Pedro y parte de la Via della Conciliazione. Y al mismo tiempo se
ha inaugurado una imagen de 5 metros de altura de San Tarsicio, patrón de los
monaguillos.
Benedicto XVI
“Quiero manifestar mi alegría de estar aquí con vosotros celebrando esta
Audiencia General. Esta plaza es testigo de la presencia numerosa del gran
Peregrinaje Europeo de Monaguillos. Queridos niños y jóvenes, ¡sed bienvenidos!"
Más de 53.000 jóvenes han participado los días 3 y 4 de agosto en el encuentro
internacional de monaguillos organizado por el CIM, 'Coetibius Internationalis
Ministrantibus'.
Mons. Martin Gächter
Presidente, 'Coetus Internationalis Ministrantium'
"El CIM existe desde hace 50 años. Algunos sacerdotes alemanes, franceses e
italianos comenzaron hace 10 años esta peregrinación internacional a Roma y poco
a poco ha ido creciendo".
“Beber de la fuente verdadera”, este es el lema que ha traído a estos chicos de
17 países distintos hasta la Ciudad Eterna.
“Vengo de Transilvania y esta ha sido una gran experiencia. He visto tantos
monaguillos aquí, que ayudan muchísimo. Me lo he pasado muy bien, he visto Roma,
he visto al Papa”.
“Vengo de Alemania para ver al Papa y Roma. Es muy emocionante ver tantos
monaguillos de todo el mundo”.
Durante el encuentro los jóvenes han reflexionado sobre la importancia de su
papel dentro de la Iglesia y de cómo pueden formarse más para realizar mejor su
trabajo. Algo que cuando vuelvan a sus ciudades pondrán en práctica y que
quedará grabado en la memoria de los participantes durante muchos años.
Mons. Bernhard Haslberger
Obispo auxiliar de Baviera (Alemania)
“Todavía me encuentro personas que participaron en una de las
peregrinaciones hace 20 o 30 años y aún se acuerdan de ello. Es una experiencia
que marca”.
Según ha asegurado el obispo auxiliar de Baviera, hay que comprender y valorar a
los monaguillos y tratarlos como personas llamadas por Dios. También ha pedido
que se les atienda en las parroquias según sus necesidades y se les ofrezca una
formación cristiana.
Un encuentro que ha clausurado el Papa durante la audiencia general. Benedicto
XVI también les dijo que ayudando a los sacerdotes durante la Misa acercan a
Jesús a los demás.
Video sobre la estatua de San Tarsicio:
http://www.youtube.com/watch?v=DPRsYDpHao8
Video sobre el encuentro de monaguillos: http://www.youtube.com/watch?v=CkWnQEwCuWo

SAN TARSICIO, mártir (+258)
Su
fiesta se celebra el 13 de Agosto.
San Tarsicio es el Patrón de los Monaguillos y de los
Niños de Adoración Nocturna. Por algo se le conoce como el Mártir de la
Eucaristía.
Valeriano era un emperador duro y sanguinario. Se había convencido de que los
cristianos eran los enemigos del Imperio y había que acabar con ellos. Los
cristianos para poder celebrar sus cultos se veían obligados a esconderse en las
catacumbas o cementerios romanos. Era frecuente la trágica escena de que
mientras estaban celebrando los cultos llegaban los soldados, los cogían de
improviso, y, allí mismo, sin más juicios, los decapitaban o les infligían otros
martirios. Todos confesaban la fe en nuestro Señor Jesucristo. El pequeño
Tarsicio había presenciado la ejecución del mismo Papa mientras celebraba la
Eucaristía en una de estas catacumbas. La imagen macabra quedó grabada
fuertemente en su alma de niño y se decidió a seguir la suerte de los mayores
cuando le tocase la hora, que ojalá, decía él, fuera "ahora mismo".
Un día estaban celebrando la Eucaristía en las Catacumbas de San Calixto. El
Papa Sixto se acuerda de los otros encarcelados que no tienen sacerdote y que
por lo mismo no pueden fortalecer su espíritu para la lucha que se avecina, si
no reciben el Cuerpo del Señor. Pero ¿quién será esa alma generosa que se
ofrezca para llevarles el Cuerpo del Señor? Son montones las manos que se
alargan de ancianos venerables, jóvenes fornidos y también manecitas de niños
angelicales. Todos están dispuestos a morir por Jesucristo y por sus hermanos.
Uno de estos tiernos niños es Tarsicio. Ante tanta inocencia y ternura exclama
lleno de emoción el anciano Sixto: " ¿Tú también, hijo mío?"
Y le dice: ¿Y por qué no, Padre? Nadie sospechará de mis pocos años.
Ante tan intrépida fe, el anciano no duda. Toma con mano temblorosa las Sagradas
formas y en un relicario, las coloca con gran devoción a la vez que a la vez que
las entrega al pequeño Tarsicio de apenas once años, con esta recomendación:
"Cuídalas bien, hijo mío".
-"Descuide, Padre, que antes pasarán por mi cadáver que nadie ose tocarlas".
Sale fervoroso y presto de las catacumbas y poco después se encuentra con unos
niños de su edad que estaban jugando
-"Hola, Tarsicio, juega con nosotros. Necesitamos un compañero".
- "No, no puedo. Otra vez será", dijo mientras apretaba sus manos con fervor
sobre su pecho.
Y uno de aquellos mozalbetes exclama. "A ver, a ver. ¿Qué llevas ahí escondido?"
Debe ser eso que los cristianos llaman "Los Misterios" e intentar verlo.
Lo derriban a tierra, poniendo en su pecho los mozalbetes sus piernas con el fin
de hacer fuerza de palanca para abrirle sus brazitos y arrebatarle las Sagradas
Formas, le tiran pedradas, y Tarsicio no solo puso resistencia sino que Dios
hizo el milagro de que quedasen sus brazos herméticamente cerrados de forma que
no pudieron abrírselos jamás (ni siquiera
después de muerto) siguen dándole pedradas, y va derramando su sangre. Todo
inútil. Ellos no se salen con la suya. Por nada del mundo permite que le roben
aquellos Misterios a los que él ama más que a sí mismo...
Momentos después pasa por allí Cuadrado, un fornido soldado que está en el
período de catecumenado y que por eso conoce a Tarsicio. Los niños huyen
corriendo mientras Tarsicio, llevado a hombros en agonía por Cuadrado, llega
hasta las Catacumbas de San Calixto en la Vía Appia. Al llegar , ya era cadáver.
Desde entonces, el frío mármol guarda aquellas sagradas reliquias sobre las que
escribió San Dámaso, "queriendo a San Tarsicio almas brutales de Cristo el
sacramento arrebatar, su tierna vida prefirió entregar, antes que los Misterios
celestiales"