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NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
12/octubre/2010 - Los dineros de los viajes papales: verdades e hipocresías
Influyentes
medios de comunicación –bien por sensacionalismo fácil, bien por declarado o
larvado anticlericalismo, bien por la suma de estos dos factores– cuando se
aproxima un viaje papal intensifican su campaña en contra aduciendo los
cuantiosos gastos que dicha visita apostólica va a reportar a las arcas públicas
y a los mismos fondos eclesiales. Lo pudimos comprobar ya hace un mes con
ocasión del memorable periplo de Benedicto XVI al Reino Unido, y ya «se
calientan motores» en España, tanto para la visita de los próximos y ya
inminentes días 6 y 7 de noviembre con destino a Santiago de Compostela y a
Barcelona y, sobre todo, de cara a
En septiembre pasado fue el mismo Gobierno británico el que
hubo de salir al paso de la campaña, recordando que una cumbre política
internacional cuesta bastante más que un viaje del Papa y recordando que buena
parte de estos gastos los sufragaban los católicos británicos. En las mismas nos
encontramos ahora. La organización de
Por supuesto que las Administraciones Públicas están
llamadas también a sumarse con sus infraestructuras, dispositivos y recursos
humanos, profesionales, logísticos y técnicos. Es de agradecer la buena
disposición que tantos las administraciones nacionales, regionales y locales
están mostrando al efecto en Santiago, en Barcelona y en Madrid. Pero no
conviene olvidar que estas instituciones son administraciones, esto es,
recaudadoras y canalizadores de los impuestos de todos los ciudadanos y
contribuyentes, entre los que nos hallamos los católicos, que en España somos no
menos del ochenta por ciento de ellos.
Pero aún hay más: antes de que los dineros empleados en los
citados eventos produzcan sus frutos y beneficios económicos, ya han rentado, ya
han sido y son rentables. ¿Quién puede dudar al respecto de la inmensa
rentabilidad –si es que hay que hablar en estos términos– del Camino de
Santiago, de la catedral compostelana, del templo de
En cualquier caso, el dinero nunca es un fin en sí mismo.
El dinero, los recursos económicos, han de estar al servicio del bien común y,
por supuesto, de la verdadera solidaridad. Y dicho sea con toda humildad –jamás
desde la autocomplacencia– y siempre desde las más exigentes claves evangélicas
del imperativo de la caridad, difícilmente se podrá acusar a
Todo ello son argumentos y razones que avalan la verdad, la
utilidad y la honestidad de los dineros destinados a los viajes papales, todo un
don y una gracia –y no solo de carácter espiritual y pastoral– que, en absoluto,
se merecen campañas falaces e hipócritas como a las mencionadas al comienzo de
nuestro editorial. Los viajes papales a nadie se imponen, ni van contra nadie
sino a favor de todos aquellos que los quieran a acoger. Y la experiencia, por
cierto, dice que en España son la inmensa mayoría, una inmensa mayoría que debe
ser respetada y apoyada.
(Fuente: www.revistaecclesia.com)