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NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
24/octubre/2010 - Nueva española canonizada: Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola
Decenas de miles de fieles provenientes en particular de España, Polonia, Canadá, Australia e Italia, se han reunido esta mañana en la plaza de san Pedro para asistir a la misa presidida por Benedicto XVI en el curso de la cual el Pontífice ha canonizado a seis nuevos santos. Se trata de dos religiosos: uno polaco y otro canadiense; y de cuatro religiosas: dos italianas, una australiana y la española Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola, fundadora de las Hijas de Jesús, conocidas como "jesuitinas".

Juana Josefa Cipitria y
Barriola (Caserío de
Berrospe,
Andoain,
Guipúzcoa,
31 de mayo de
1845 -
Salamanca,
9 de agosto de
1912, conocida
por su nombre religioso Santa Cándida María de Jesús) fue una religiosa
española, proclamada
santa por la
Iglesia Católica.
El
8 de diciembre de
1871, fundó en
Salamanca (España)
la
Congregación de las Hijas de Jesús,
conocidas como las "jesuitinas", cuyo objetivo es la educación católica de los
pueblos.
De origen humilde, se instaló en 1854 junto a su familia en
Tolosa,
para emigrar posteriormente a
Burgos y posteriormente a
Valladolid, esta vez sola.
Tras conocer al padre
jesuita Miguel San José Herranz en
la vallisoletana
iglesia del Rosarillo, decidió
iniciar el proceso de fundación de una Congregación religiosa dedicada a la
educación. Dicha fundación se consumó finalmente en Salamanca, el 8 de diciembre
de 1871, cuando con otras cinco mujeres creó el germen de la Congregación en
la Clerecía.
La Congregación se expandió inicialmente por otras localidades
castellanas, como
Arévalo,
Peñaranda de Bracamonte,
Segovia o
Medina del Campo. El proceso
continuó con el establecimiento en el
País Vasco, para finalmente en 1911,
iniciar la expansión internacional con un grupo de religiosas desplazándose a
Brasil.ctualmente la Congregación
está presente en 17 países. Fue
beatificada por
Juan Pablo II el
12 de mayo de
1996.
Los grandes retratos de los seis nuevos santos
destacan ya, colgados en la fachada de la basílica vaticana. La solemne
ceremonia litúrgica ha sido concelebrada con el Papa, por cinco cardenales, diez
arzobispos, 13 obispos y veinte sacerdotes. En la plaza de san Pedro estaban
también presentes las delegaciones oficiales de los cinco países de procedencia
de los nuevos santos. Con su subida a la gloria de los altares, ha indicado el
Papa “se renueva la fiesta de la santidad en la plaza de san Pedro”.
La liturgia de este domingo nos ofrece una enseñanza fundamental: la necesidad
de rezar siempre, sin cansarse. A veces nos cansamos de rezar, tenemos la
impresión de que la oración no es tan útil para la vida, que es poco eficaz. Por
eso somos propensos a dedicarnos a la actividad, a emplear todos los medios
humanos para alcanzar nuestros objetivos, y no recurrimos a Dios. Jesús en
cambio afirma que hay que rezar siempre, y lo hace mediante una parábola
específica.
La parábola es la del juez, que no
tiene temor del juicio de Dios ni respeto por el prójimo. Y la de la pobre
viuda, necesitada e indefensa. La viuda va ante el juez y le pide justicia. Sus
posibilidades son casi nulas, porque el juez la desprecia y ella no puede hacer
ninguna presión sobre él. Pero ella insiste sin cansarse y al final logra
obtener del juez el resultado.
“Jesús -ha afirmado el Pontífice- hace una reflexión, usando el argumento: si un juez deshonesto, al final, se deja convencer por el ruego de la viuda, mucho más puede hacer Dios, que es bueno y misericordioso”.
La conclusión del pasaje evangélico habla de la
fe. “Está claro, -señala el Papa- que la oración debe ser expresión de fe, de
otro modo no es verdadera oración. Si uno no cree en la bondad de Dios, no puede
rezar de modo verdaderamente adecuado”.
La fe es esencial como base de la actitud de la oración. Es cuanto han hecho los
seis nuevos Santos que hoy se presentan a la veneración de la Iglesia universal:
Stanislaw Kazimierczyk, André Bessette, Cándida María de Jesús Cipitria y
Barriola, Mary of the Cross MacKillop, Giulia Salzano y Battista Camilla Varano.
San Stanislaw Kazimierczyk, ha señalado el Papa, hablando en polaco, fue un religioso del siglo XV, que puede ser también para nosotros un ejemplo a seguir. Toda su vida estuvo ligada a la Eucaristía. Junto a la madre y al padre, aprendió la fe y la piedad. Tomó los votos religiosos en la Orden de los Canónigos Regulares en Kazimierz, la actual Cracovia, donde trabajó como sacerdote, educador, dedicado al cuidado de los necesitados.
Sin embargo, estaba ligado de forma especial a la Eucaristía mediante un amor ardiente por Cristo presente bajo la especie del pan y del vino; viviendo el misterio de la muerte y de la resurrección, que de modo incruento se cumple en la Santa Misa; a través de la práctica del amor al prójimo, del cual la Comunión es fuente y signo.
El Papa ha proseguido comentando la vida del Hermano André Bessette, originario de Quebec, Canadá. Religioso de la Congregación de Santa Cruz, que conoció muy pronto el sufrimiento y la pobreza. Sin embargo, esta situación, ha subrayado el Santo Padre “lo llevó a recurrir a Dios mediante la oración y una vida interior intensa”. Portero del colegio de Notre Dame de Montreal manifestó una caridad sin límites y se esforzó por aliviar las angustias de quienes se confiaban a él. Para él, todo hablaba de Dios y de su presencia. Muy poco instruido, comprendió así dónde se situaba lo esencial de su fe.
Para él, creer significa
someterse libremente y por amor a la voluntad divina. Lleno del misterio de
Jesús, vivió la bienaventuranza de los corazones puros, la de la rectitud
personal. Gracias a esta sencillez hizo que muchos vieran a Dios. Hizo construir
el Oratorio Saint Joseph de Mont Royal del que será guardián fiel hasta su
muerte en 1937. Fue testigo de innumerables curaciones y conversiones. “No
intenten evitar las pruebas” decía, “más bien pidan la gracia de soportarlas”.
Seguidamente, Benedicto XVI ha ilustrado las virtudes de santidad de las cuatro
nuevas santas, enumerando las razones ejemplares de sus vidas y hablando de
ellas también en sus respectivas lenguas. Ha empezado por la española, la Madre
Cándida María de Jesús.
Cuando el Hijo del Hombre vendrá para hacer justicia a los elegidos, ¿encontrará esta fe en la tierra? (cf. Lc 18,18). Hoy podemos decir que sí, con alivio y firmeza, al contemplar figuras como la Madre Cándida María de Jesús Cipitria y Barriola. Aquella muchacha de origen sencillo, con un corazón en el que Dios puso su sello y que la llevaría muy pronto, con la guía de sus directores espirituales jesuitas, a tomar la firme resolución de vivir «sólo para Dios»
Y mantuvo esta decisión fielmente, como ella misma recuerda cuando estaba a punto de morir. “Vivió -ha proseguido el Santo Padre- para Dios y para lo que Él más quiere: llegar a todos, llevarles a todos la esperanza y especialmente a quienes más la necesitan.
Donde no hay lugar para los pobres, tampoco lo hay para mí», decía la nueva Santa, que con escasos medios contagió a otras Hermanas para seguir a Jesús y dedicarse a la educación y promoción de la mujer. Nacieron así las Hijas de Jesús, que hoy tienen en su Fundadora un modelo de vida muy alto que imitar, y una misión apasionante que proseguir en los numerosos países donde ha llegado el espíritu y los anhelos de apostolado de la Madre Cándida
Otra mujer santa, de inquebrantable devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a quien dedicó su nueva congregación, fue la Madre Mary MacKillop. “Durante muchos años, -ha recordado el Pontífice- innumerables jóvenes a lo largo y ancho de Australia han sido bendecidos e inspirados por el ejemplo del entusiasmo santo y valiente, la perseverancia y la oración de esta santa mujer” que aprendieron “ la sabiduría que lleva a la salvación a través de la Fe en Jesucristo”.
Ella se dedicó en su juventud a la educación de los pobres en la difícil zona rural de Australia, inspirando a otras mujeres para que se unieran a ella en la primera comunidad de religiosas de ese país. Atendió a las necesidades de los jóvenes que se confiaron a ella, sin reparar en el rango o la riqueza, proporcionándoles tanto una formación espiritual como intelectual.
Benedicto XVI ha hablado, a continuación, de
Giulia Salzano, una joven maestra de la escuela primaria que en la segunda mitad
del siglo XIX, en Campania, en el sur de Italia, la llamó para hacer de ella un
apóstol de la educación cristiana, fundadora de la Congregación de las Hermanas
Catequistas del Sagrado Corazón de Jesús. Repetía a sus hermanas que deseaba
hacer catecismo hasta la última hora de su vida, demostrando con todo su ser que
si “Dios nos ha creado para conocerlo, amarlo y servirlo en esta vida”, nada
había que anteponer a esta tarea.
Madre Giulia comprendió bien la importancia de la catequesis en la Iglesia y,
uniendo la preparación pedagógica al fervor espiritual, se dedicó a ella con
generosidad e inteligencia, contribuyendo a la formación de personas de toda
edad y posición social.
Santa Battista Camilla Varano, monja clarisa del siglo XV, testimonió hasta el fondo el sentido evangélico de la vida, especialmente perseverando en la oración. “La nueva santa italiana -ha dicho el Papa- se integró como protagonista de aquel vasto movimiento de reforma de la espiritualidad femenina franciscana que se proponía recuperar plenamente el carisma de santa Clara de Asís.
La vida de santa Battista, totalmente inmersa
en las profundidades divinas, fue una elevación constante en el camino de la
perfección, con un amor heroico hacia Dios y el prójimo (...) En un tiempo en el
que la Iglesia sufría un relajamiento de las costumbres, ella recorrió con
decisión el camino de la penitencia y de la oración, animada por el ardiente
deseo de renovación del Cuerpo místico de Cristo.
El Papa ha terminado la homilía dando gracias al Señor por el don de la
santidad, que resplandece en la Iglesia y pidiendo a Jesús que nos dejemos
“atraer por estos ejemplos luminosos, para que nuestra existencia sea un cántico
de alabanza a Dios”.