|
NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
04/noviembre/2010 - El Papa cuenta su infancia

El 1 de Noviembre,
la plaza de San Pedro se llenó de niños y jóvenes que esperaban ilusionados su
encuentro con el Papa. Unos 100.000 jóvenes del movimiento Acción Católica
Italiana regalaron a Benedicto XVI su espontaneidad y alegría y le preguntaron
lo que más les preocupa. El Papa teólogo y profesor les contestó de forma
sencilla y cercana.
La jornada empezó algunas horas antes del encuentro con Benedicto XVI. Bajo el
título "Hay algo más. Crecemos juntos", los niños reflexionaron sobre su futuro.
Por eso, la primera pregunta al Papa fue sobre cómo madurar siguiendo a Jesús.
Benedicto XVI les confesó que él tenía la misma preocupación cuando era pequeño. “Cuando era joven, a vuestra edad, era el más pequeño de mi clase. También sentí el deseo de ser un día muy grande: y no sólo grande de estatura, sino que quería hacer algo grande, algo más en mi vida”.
El Papa les dijo que Jesús quería mucho a los niños y jóvenes, como demostró en varios momentos de su vida. Con estos ejemplos enseñó a los adultos que deben conservar la capacidad de querer a Jesús de los jóvenes.
La segunda pregunta dirigida al Papa fue sobre cómo aprender a amar de verdad. “No podéis ni debéis resignaros a un amor reducido a intercambio de mercancías, un amor de consumo sin respeto por uno mismo y los demás, incapaz de ser casto y puro. Éso no es libertad. Muchas veces el “amor” propuesto por los medios de comunicación o internet, no es amor, sino egoísmo, aislamiento, os da una ilusión efímera, pero no os hace felices, no os hace grandes”.
Benedicto XVI les dijo que sólo pueden ser grandes si son capaces de hacer de su vida una entrega a los demás, olvidándose de sí mismos. El Papa reconoció que se trata de un camino difícil y que implica renuncias. Sin embargo, les pidió que no se cansen ni tengan miedo de buscar el amor auténtico. “Aspirad a metas grandes”, les dijo.
Después de los jóvenes, una educadora preguntó al Papa qué significa ser profesor y cómo implicar a la sociedad en la educación de los jóvenes. “Ser educadores significa tener alegría en el corazón y comunicarla a todos para hacer la vida buena y bonita. Significa dar motivos y metas para el camino de la vida, ofrecer la belleza de la persona de Jesús”.
Tras las preguntas, al Papa le costó mucho despedirse de los jóvenes. Fue un encuentro que marcó a estos niños y que quedará en la memoria de Benedicto XVI.