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NOTICIAS DE LA PARROQUIA |
20/noviembre/2010 - ULTREYA de Cursillos de Cristiandad
La
noche del pasado viernes 12 de noviembre, el
Templo Parroquial de Torre Pacheco se vistió "de
colores". El Movimiento de Cursillos de
Cristiandad (MCC) celebró una ultreya a la que asistieron cursillistas y
personas interesadas de Cartagena y Campo de Cartagena, acompañados por D. José
Luis Garre, Párroco de la Inmaculada Concepción de Cartagena y Responsable del
Movimiento de Cursillos de Cristiandad de la Vicaría de Cartagena.
La palabra
ultreya
es una antigua palabra española que usaban los peregrinos de Compostela cuando
se encontraban para saludarse y animarse a lo largo del camino. Esta palabra,
probablemente derivada del latín ultra, significaba "¡Adelante!". Los
cursillistas de cristiandad utilizan esa palabra para designar un tipo de
encuentro que tiene lugar después del Cursillo. Es la reunión de los
cursillistas de una o algunas parroquias contribuyendo a mantenerlos en el espíritu
del MCC y a sensibilizarlos a la realidad de la Iglesia.
En un clima de amistad, se intercambia
sobre lo vivido, sea a base del trípode (piedad, estudio, acción), sea a partir
de un texto del Evangelio.
Ahí se escucha unos testimonios
referentes a la vida interior y unas experiencias apostólicas. Este hecho
de compartir lo vivencial llega a ser un "modelo" apostólico, un ejemplo
práctico, un reto del Señor que parece invitarnos : "Id y haced vosotros lo
mismo". La Ultreya es un aliento para ir adelante. Es el mejor medio para
alimentar la llama del Cursillo.

Un
matrimonio de Cartagena fue el encargado de dar su testimonio: Cristobal de 63
años (cursillo 365) y Maleni de 61 (cursillo 204), padres
de tres hijos y pertenecientes a la Parroquia de Ntra. Sra. de la Soledad de
Molinos Marfagones. A pesar de los nervios iniciales, y
de abrir su corazón y su vida con momentos difíciles, nos contaban cómo ha sido
su vida antes de los Cursillos de Cristiandad. Cristóbal
poco apegado a la Iglesia y a Jesucristo, tuvo un momento de rozar el
agnosticismo (como el mismo decía) hasta que por un casual realizó el Cursillo y
ahí, se precipitó del caballo, como el apóstol San Pablo en su camino a Damasco.
Maleni, cuya piedad y devoción a la Santísima Virgen María está en la base de su
fe y caminar como cristiana, reconoce que no llegó a comprender y acoger en su
vida al Dios de la misericordia y del amor hasta que no realizó el Cursillo.
Desde entonces sus vidas han cambiado
porque ya no contemplan su relación con Dios como estar frente a Él, sino que
caminan junto a Él, con Él.
En la celebración de nuestras bodas
de plata -cuenta Maleni-
ofrecí al Señor una gran piedra lisa, de esas
que hay en las playas. Así es como quiero quedar, lisa y sin imperfecciones. El
agua y el tiempo han ido limando las asperezas e irregularidades de esta roca
hasta dejarla así de hermosa. Yo pedía al Señor que me hiciese igual, que mi
vida fuera como esa roca, lisa, limpia y sin imperfecciones.
