NOTICIAS DE LA PARROQUIA


24/noviembre/2010 - Fallece el sacerdote Fernando Egea

El Jueves 18 de Noviembre, ha descansado en el Señor el Rvdo. D. Fernando EGEA ALBALADEJO. Nació en San Javier el día 3 de julio de 1938. Ingresó en el Seminario de San Fulgencio de Murcia en 1949. Fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1961 por el Obispo D. Ramón Sanahuja y Marcé. Ocupó los siguientes cargos: Coadjutor de San Mateo, de Lorca (1964-1965); Oficial Secretaría Cámara del Obispado de Cartagena (1965-1967); Capellán del Colegio Ntra. Sra. del Carmen (Carmelitas Misioneras), de Murcia (1965-1990); Delegado Episcopal de Cáritas (1965-1970); Director del Boletín Oficial del Obispado (1965-1967); Secretario del Consejo Presbiteral (1968-1970); Secretario General y Director del Estudio Socio-Religioso de la Diócesis (1968); Director de la Oficina de Estadística y Sociología Religiosa (1969); Profesor del CETEP (1987-1995); Director del CETEP (1995-1998); Jefe de Estudios del CETEP (1998); Rector del Seminario de “San Fulgencio”, de Murcia (1999-2006); Miembro del Consejo Presbiteral (desde 1999); Canónigo Archivero de la Santa Iglesia Catedral (desde 2003) y Miembro del Colegio de Consultores (desde 2004).

Descanse en paz.

 

 

Homilía del Sr. Obispo en la Misa Exequial por el Ilmo. Sr. D. Fernando Egea Albaladejo, Canónigo Archivero de la S.I. Catedral de Murcia

 

“Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado...”


Es este un fragmento de la elegía a Ramón Sijé, del poeta Oriholano Miguel Hernández, que mejor describe este dolor que nos embarga a todos. Nadie se imaginaba que la Parca, de frío rostro, llamara a la puerta de Fernando, en este otoño de su vida, porque, en el fondo, tenemos la idea de que los hombres y mujeres que se quieren, no mueren, bueno, nuestro corazón no quiere que mueran, no resiste la orfandad. Pero estamos aquí, sin palabras, desconcertados por la inesperada visita de la “hermana muerte” a un hombre consagrado a Dios, al servicio de los hermanos, sacerdote y profesor…, que hizo suya la causa de muchos y trabajó por ver la luz de la Verdad, la justicia, la igualad, la cultura, a su modo, como creyó que era mejor...

“No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida...”


Querida, familia, hermanos y sobrinos de D. Fernando, todas las palabras se ahogan en la garganta y humanamente no encuentro ninguna que sea capaz de curar vuestra herida, porque sentiréis su muerte más que vuestra vida. Yo quiero estar junto a vuestro dolor y sentir cómo las lágrimas corren por el rostro sin rumbo ni consuelo... pero soy un sacerdote del Señor, llamado a servir a esta Iglesia de Cartagena, como Obispo, y me gustaría decirles que valoren, en este momento de humana tristeza, el conjunto de su historia, vivida junto a él. Recuerden sus proyectos y trabajos, sus ilusiones y esperanzas, la razón de su vivir, los dulces sueños compartidos, su actitud de servicio, su vida sacerdotal... Entre las legítimas lágrimas, comprendan que todavía hay camino, que hay que seguir adelante confiando siempre en el Señor. Sigan adelante, venzan las trampas de la muerte, que paralizan, miren con esperanza el futuro y no se sentirán nunca solos, si confían en Dios.

“¡Que bien sé yo la Fonte que mana y corre
aunque es de noche!
Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan, por darnos vida,
aunque es de noche.
Aquesta viva fuente, que deseo,
en este pan de vida yo la veo,
aunque es de noche.”
(San Juan de la Cruz)

Desde la clave de la fe de los cristianos, con San Juan de la Cruz, les invito a acercarse a esa fuente que mana y corre, a la fuente de la vida, que es Jesucristo. El Señor Jesús puede responder las preguntas más íntimas y difíciles; puede enjugar las lágrimas de nuestros ojos en los momentos más crudos, el Señor nos da razones para la esperanza, cuando no se encuentran por ningún lado y nos abre las puertas de la fe, para entender que la Salvación y la Vida es un regalo suyo. Canalicen su dolor ofrecido con sencillez al Todopoderoso y abran una nueva puerta, de par en par, a la Vida eterna, a la resurrección de los muertos, como rezamos en el Credo... Ya verán como no les costará nada, sólo abran las manos, porque Nuestro Señor les ofrecerá tantos metros de esperanza que pueden hacerse miles y miles de banderas para alzarlas al viento indicando dónde está el sentido de su vida. El poder de la muerte no tiene espacio en la casa de quién tiene izadas las banderas de la esperanza.

Familiares y amigos, especialmente presentes sus hermanos, compañeros sacerdotes, Cabildo de la Catedral, nuestra confianza está en la misericordia del Señor y le pedimos que le haga partícipe de la vida eterna, porque esta es la fe de un cristiano. Aquí nos queda su trabajo, de sacerdote y profesor, lo que ha sido una parte de su mundo; nos quedan sus recuerdos en la mente, su figura por las calles de esta ciudad de Murcia, sus amigos... Pero, ¡qué alegría poder pensar cuando vea a Dios, cara a cara, y comprenda definitivamente todo el sentido que tienen las palabras: amor, fraternidad, amistad, trabajo, perdón, misericordia, hermanos, Iglesia, teología fundamental y dogmática... que él explicaba y llevaba tan dentro…. Fue un hombre de estudio y reflexión.

La muerte no es lo definitivo para nadie, recordad lo que dice el Libro de la Sabiduría 2,3: “Porque Dios creó al hombre para la incorruptibilidad, le hizo imagen de su misma naturaleza...”; después de la muerte se abren unas puertas de luz y de nueva vida que te conducen a la plenitud, a la plenitud de realización: “La semilla de eternidad que el hombre lleva en sí, por ser irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte”, dice el Concilio (GS. 18). Somos peregrinos de la Vida y Dios saca sus estrellas que nos guíen, Fernando era una estrella que orientaba a sus alumnos a encontrarse con el bello rostro de Dios y de su Iglesia.

Construyamos, mientras vamos de camino el mundo nuevo que quiere Dios y dejemos una estela de verdad, de bien y de haber aprovechado todos los talentos que Él nos dio. Os invito a apreciar la sabiduría, como don de Dios y supremo regalo. Mirad qué cosas más bonitas se dicen de ella en la Sagrada Escritura: “Pues ella misma –la sabiduría- va por todas partes buscando a los que son dignos de ella; se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en sus pensamientos. Pues su comienzo es el deseo más verdadero de instrucción, la preocupación por la instrucción es el amor, el amor es la observancia de sus leyes, la atención a sus leyes es la garantía de la incorruptibilidad y la incorruptibilidad hace estar cerca de Dios...” (Sab 6,16-19). La progresión que va describiendo es muy hermosa y nos clarifica mucho nuestros itinerarios para la vida.

La Iglesia de Cartagena se unen en una misma expresión de sentimiento por la separación de nuestro ser querido y damos gracias a Dios porque su gracia no ha sido estéril, sino que ha dado mucho fruto en este hermano que nos ha dejado y que se le reconoce como un gran trabajador, muy buen sacerdote y un cristiano que ha querido ser buen discípulo de tan Buen Maestro.

Descanse en paz. Dios os bendiga.


+ José Manuel
Obispo de Cartagena

 


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